Mujer con Alzheimer se escribe a sí misma una nota: “Encuentra a Bonny” y, a pesar de su mala memoria, descubre la verdad – Historia del día
El mundo de Margaret se desvanecía, sus recuerdos se esfumaban como tinta en papel viejo. Pero una cosa permanecía clara: una nota escrita con letra temblorosa: “Encuentra a Bonny”. No sabía quién era Bonny, pero sabía que debía encontrarla. Mientras su hija Rachel la observaba con preocupación, Margaret se aferró a esa única verdad.
Margaret miró la nota en su mano. La tinta estaba manchada, la letra irregular. “Encuentra a Bonny”. El nombre despertó algo en ella: calidez, risa, consuelo. Alguien importante. Pero, ¿quién era?
Las imágenes en su mente eran borrosas: una tarde soleada, una risa, una presencia constante. Pero los detalles se le escapaban. Miró alrededor de la cocina, buscando pistas. La tetera fría, una taza de té y una galleta a medio comer. ¿Había dejado la estufa encendida? El pánico la invadió, pero no había humo ni llamas. Solo un hornillo vacío.
“¿Mamá?”, preguntó Rachel, acercándose con cuidado. Margaret le mostró la nota. “¿Dónde está Bonny?”. Rachel frunció el ceño. “¿Bonny?”. Margaret insistió: “Ha desaparecido”. Rachel tomó la nota, confundida. “¿Quién es Bonny, mamá?”. Margaret no pudo responder. Sabía que Bonny era importante, pero no recordaba por qué.
Rachel intentó ayudarla, revisando álbumes de fotos y cartas antiguas. No encontraron nada. “Mamá, no hay ninguna Bonny en tus cosas”, dijo Rachel con paciencia. Margaret se negó a creerlo. “Es real”, insistió, aunque los detalles se le escapaban.
De repente, Margaret miró hacia el jardín. Algo en el viejo roble le pareció importante. Se levantó y salió, seguida por Rachel. Bajo el árbol, Margaret sintió que algo la llamaba. Cavó con una pala oxidada, ignorando las protestas de Rachel. Finalmente, encontraron una caja de madera enterrada. Dentro, un collar con el nombre “Bonny”.
Margaret lo sostuvo, y los recuerdos volvieron: Bonny, su perra, su mejor amiga. El pelaje cálido, la cola moviéndose feliz, las noches juntas. Había olvidado a Bonny, pero ahora la había encontrado.
Sentada en el porche con Rachel, Margaret apretó el collar contra su pecho. “Odio olvidar las cosas”, susurró. Rachel la abrazó. “No estás sola, mamá. Me tienes a mí”. Margaret sonrió, sintiendo un poco de paz. Había encontrado a Bonny, y aunque su mente fallaba, el amor permanecía.